Aprendiendo a extrañar

Cuando todo parece ajeno,

qué fácil es recordar,

anhelando, con ojos húmedos,

las bondades del pasado.

Cuando todo parece ajeno,

es que uno aprende a extrañar.

Pintando cuadros imaginarios

de una realidad tan lejana.

Brotan entonces recuerdos,

de una sola y simple ciudad,

mezcla inexplicable,

de civilización y barbarie.

Brotan así los recuerdos,

del viento norte y el calor,

en natural sincronía,

con las lluvias torrenciales.

Uno aprende a entender,

los encantos que lo rodean,

impregnando cada recuerdo

con la calidez de su gente.

Y así es que lentamente,

uno aprende a extrañar

esa tierra algodonera

que besa al Paraná

cuya belleza es inentendible

para el visitante foráneo.


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