Hay almas que comparten historia, que llegan a este mundo conectadas. Almas que se conocen de otro momento, de otra vida.
Son almas que están destinadas a cruzarse: comparten secretos y fantasmas de un pasado, se encuentran entrelazadas en las bifurcaciones del presente y tienen pendiente construir juntas un futuro. Pero, por sobre todas las cosas, se cruzan constantemente sin saber muy bien por qué.
Son almas que se buscan, sin siquiera desearlo, y que se encuentran sin haberlo esperado. Pero cuando se hallan, sucede algo casi tan inesperado como mágico: se reconocen. Como quien ve a su mejor amiga de la infancia o a sus padres después de mucho tiempo a la distancia.
Y esta es su historia.
Sus miradas se cruzaron en ese café. Con una intensidad casi tangible, intentaron expresar todas las palabras no dichas. El café amenazaba con enfriarse mientras el resto del salón parecía ignorar lo cargado de aquel silencio. Cada roce tímido provocaba una risa, tanto o más incómoda, fiel reflejo de todas las emociones que tenían a flor de piel.
El era un manojo de miedos, de duda. Incertidumbre pura, en su más genuina expresión.
Ella, buscaba ocultar todas sus inseguridades, detrás de la luz y el orgullo que uno siente cuando ve progresar a quienes uno quiere.
Ella acostumbraba a avanzar y abrir paso en todos los espacios que habitaba. Su energía, tan inspiradora como avasallante, podía resultar contagiosamente cálida.
En un momento, ella decidió romper el silencio como solo ella sabía que podía hacerlo. Su voz resonó en la habitación. Sus palabras tenían el peso de quien le pone alma a aquello que dice y que siente aquello que hace. Pero, a su vez, el sigilo de quien escoge las palabras que usa -y las que deja de usar-.
«El dolor es humano, sí. Pero la experiencia siempre es pasajera.»
Lo que los unía era cariño, si, pero uno muy diferente. No me animaría a descartar que se tratase de era amor romántico. Pero, a su vez, retrataba algo distinto: algo propio de almas que aunque no comparten su vida, comparten un propósito.
Ese lazo, inquebrantable, se trata de un vínculo que une a ciertas almas que, sin importar las circunstancias, necesitan encontrarse. Incluso cuando sus portadores no lo estén buscando.
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