Reflexiones de sofá

Comencé a escribir esta entrada y de inmediato me detuve. Me pregunté varias veces si tenía sentido, si alguien lo iba a leer, si acaso la gente se sentiría identificada. Luego, en lo que tarda en caer una hoja, me di cuenta que eso no importaba tanto. Después de todo, esto es una deuda conmigo misma. Una deuda que, por una vez, no quiero callar

Tranquilo, este post no es para vos. Es para mí, para nosotras. Para recordarnos que este es nuestro tiempo y que todavía nos queda algo por decir. Que en esta época en la que se conmemora lo efímero y se alaban los momentos, algunas de nosotras aspiramos a algo más. Aspiramos a una colección de situaciones que sean pilares de algo memorable.

Y cuidado! Con eso no digo rutina. Después de todo, quien no odia la rutina.

Aspiramos a algo que nos deje sin aliento. Momentos que nos hagan reír tan fuerte que tengamos que parar solo para tomar una bocanada de aire que nos permita comenzar a reír de nuevo. Aspiramos a alguien que sepa entender que cuando hay ganas, el tiempo sobra. Que, por sobre todas las cosas, lo que prima es la voluntad. Alguien que sepa que esperar no es perder el tiempo, ni que remarla es un desgaste de energía, sino que se trata simplemente de prepararse para aquello que vale la pena. Porque, aunque no sé si hablo por todas las mujeres, si me gusta creer que todos, en el fondo, aspiramos a algo trascendente.

Y ahí es donde quiero pararme y decir: lamento si sentís que te hice «perder el tiempo». Pero no sos vos, soy yo. Creéme si te digo que esto va sin cliché. No me gusta conformarme. Soy alguien compleja, exigente. Conmigo aun más. Así que si me doy, me doy por completo. Sin grises. Si no, ni me gasto. Eso no implica que no sepa divertirme. Pero entendé esto: que me divierta, no implica que me dé a medias. Cada cosa a su lugar.

Por eso no quería dejar de escribir esto. Quería recordarnos a cada uno de nosotros que nacimos para algo, para ser grandes a nuestra manera. Y dirían los españoles: si la vida nos da la espalda, lo mejor será que le toquemos el culo. No nos rebajemos jamás. Pero tampoco nos hagamos mala sangre.

Les confieso que a veces pienso que no saben cómo no ser cagones. Crecieron en un mundo hecho para hombres donde siempre la tuvieron más fácil; en el cual les enseñaron que las mujeres llegaban con el tiempo y de a montones. Y en algún momento de la historia, nosotras nos lo creímos todo. En algún momento, dejamos de hacernos valer. Pero ya no más. Dejemos las vueltas. Para que no les quede otra que ser valientes o perdernos.

En fin, para vos que tuviste la oportunidad y no te animaste a pedirme que me quede. Para vos, que amagaste con ponerte la 10 para meterte en su cama una vez más. Para vos, que por glotón no supiste elegir a una y terminaste sin las dos. Para vos, que te decís hombre pero te faltan los huevos. Acá va un mensaje para todos vosotros: Nos hubiera gustado que hayan sido valientes, y que si no estaban listos para nosotras, al menos hubiesen tenido las agallas para matar esto, y no simplemente irse, dejándolo morir.

Pero no se preocupen que, poco a poco, vamos recobrando nuestra voz. Esa voz que le dirá al mundo que nos hemos cansado de susurrar. Una voz que se alza porque sabemos lo que valemos y que les advierte que si no se dan cuenta rápido, nos encargaremos de hacérselo saber. La historia ha engendrado hijas que saben lo que valen, y alzando su voz, harán este mundo temblar.


Descubre más desde greta entre líneas

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario